Antes de pedir ayuda a un grupo de neuróticos anónimos ya había tenido experiencias previas en los grupos de 12 pasos, particularmente en los de AA, pues mi madre estuvo en un anexo y posteriormente fue militante durante varios años, en los cuales tuve oportunidad de ir a diferentes festejos y juntas de información, y aunque no tenía problemas con el alcohol por esas fechas (11 o 12 años), algo en su terapia me llamaba fuertemente la atención.
Escuchaba sus problemas ligados al alcohol, pero en muchas ocasiones me sentí totalmente identificado con su forma de pensar, de sentir y de actuar, por lo que le llegué a comentar a mi madre que yo iba a ser un AAA (amigo del alcohólico anónimo) cuando fuera mayor de edad.
La verdad era que en ese entonces y con tan pocos años en mi haber yo ya tenía muchas dificultades para relacionarme y en otros aspectos de mi vida, sólo que siempre pensé que serían pasajeros, que en algún momento iban a desaparecer, así sin más. No sólo me equivoqué, sino que lejos de desaparecer mis problemas, fueron creciendo junto conmigo.
Cuando pedí ayuda por primera vez en un grupo de NA, lo hice en un grupo que estaba en viaducto, muy cerca del metro, y era un Ayuda Mutua. Tenía 14 años y llegue a una sesión de terapia acompañado de un par de amigos que, ahora lo veo, no tenían problemas emocionales como yo y ellos jamás regresaron. Yo volví a un par de sesiones más, recuerdo que les pedía el anexo pero debido a mi edad y al poco tiempo que tenía militando, me dijeron que esperara un poco y recuerdo que me jaló la idea de que aún podía sólo, como mis amigos que no necesitaron volver a asistir, y que al fin se burlaban de lo que escucharon en las juntas... Aún no estaba listo para pedir ayuda. Aún tenía la ilusión de poder con mi vida yo sólo...
Tuvieron que pasar muchas cosas antes de que me diera cuenta de mi incapacidad para vivir, de mi incapacidad para relacionarme, para la escuela, para crear filiaciones duraderas.
Relaciones destructivas, con mi familia, con mis amigos, con compañeros de trabajo, con mis parejas. Y luego, con mis hijos también. Uso y abuso de alcohol y drogas, lo que fuera para escapar de esta sensación terrible de desasosiego, de culpa, de arrepentimientos, de frustración, de miedo...
Pensamientos suicidas, siempre, desde niño hasta la madurez. Miedo de vivir, pero miedo de morir también. Lo anhelaba, pero lo temía.
La vida para mi era así, siempre. Creí que era normal vivir de esa manera, pues no conocía otra manera de vivir. Habiendo intentado muchas veces salir, haciendo promesas a quienes había herido por mi manera de ser, promesas sinceras de un cambio en mi forma de ser, que nunca pude concretar. Le pedí a Dios y pareció no escucharme. No había remedio ni fin a todo ese sufrimiento...
Fue hasta mi tercer matrimonio, con un intento de suicidio a cuestas, como volví a acercarme a un grupo de Neuróticos Anónimos. Mi esposa estaba embarazada y yo llevaba meses sin poder trabajar, intoxicándome con alcohol y con pastillas y viendo como todo se iba al garete nuevamente. Aún así me tuve que tomar un par de cervezas para darme el valor de llegar al grupo y escuchar una junta...
Neuróticos Anónimos salvó mi vida. Me mostró una nueva manera de vivir, me enseñó el camino y no solo eso, me acompañó a cada paso hacia la recuperación.
Yo sólo puedo plantearte mi experiencia en NA como yo la viví, pero cada quien vivirá un cambio, si es que así lo desean, hacia una nueva manera de vivir, una sin sufrimiento, una con una visión muy diferente del mundo que te rodea. Una en donde es maravilloso estar con vida y estar cerca de las personas que te quieren, sin lastimarlas, sin destrozar lo construido...
Si tienes problemas con tu manera de VIVIR, en Neuróticos Anónimos hay una SOLUCIÓN.
Escuchaba sus problemas ligados al alcohol, pero en muchas ocasiones me sentí totalmente identificado con su forma de pensar, de sentir y de actuar, por lo que le llegué a comentar a mi madre que yo iba a ser un AAA (amigo del alcohólico anónimo) cuando fuera mayor de edad.
La verdad era que en ese entonces y con tan pocos años en mi haber yo ya tenía muchas dificultades para relacionarme y en otros aspectos de mi vida, sólo que siempre pensé que serían pasajeros, que en algún momento iban a desaparecer, así sin más. No sólo me equivoqué, sino que lejos de desaparecer mis problemas, fueron creciendo junto conmigo.
Cuando pedí ayuda por primera vez en un grupo de NA, lo hice en un grupo que estaba en viaducto, muy cerca del metro, y era un Ayuda Mutua. Tenía 14 años y llegue a una sesión de terapia acompañado de un par de amigos que, ahora lo veo, no tenían problemas emocionales como yo y ellos jamás regresaron. Yo volví a un par de sesiones más, recuerdo que les pedía el anexo pero debido a mi edad y al poco tiempo que tenía militando, me dijeron que esperara un poco y recuerdo que me jaló la idea de que aún podía sólo, como mis amigos que no necesitaron volver a asistir, y que al fin se burlaban de lo que escucharon en las juntas... Aún no estaba listo para pedir ayuda. Aún tenía la ilusión de poder con mi vida yo sólo...
Tuvieron que pasar muchas cosas antes de que me diera cuenta de mi incapacidad para vivir, de mi incapacidad para relacionarme, para la escuela, para crear filiaciones duraderas.
Relaciones destructivas, con mi familia, con mis amigos, con compañeros de trabajo, con mis parejas. Y luego, con mis hijos también. Uso y abuso de alcohol y drogas, lo que fuera para escapar de esta sensación terrible de desasosiego, de culpa, de arrepentimientos, de frustración, de miedo...
Pensamientos suicidas, siempre, desde niño hasta la madurez. Miedo de vivir, pero miedo de morir también. Lo anhelaba, pero lo temía.
La vida para mi era así, siempre. Creí que era normal vivir de esa manera, pues no conocía otra manera de vivir. Habiendo intentado muchas veces salir, haciendo promesas a quienes había herido por mi manera de ser, promesas sinceras de un cambio en mi forma de ser, que nunca pude concretar. Le pedí a Dios y pareció no escucharme. No había remedio ni fin a todo ese sufrimiento...
Fue hasta mi tercer matrimonio, con un intento de suicidio a cuestas, como volví a acercarme a un grupo de Neuróticos Anónimos. Mi esposa estaba embarazada y yo llevaba meses sin poder trabajar, intoxicándome con alcohol y con pastillas y viendo como todo se iba al garete nuevamente. Aún así me tuve que tomar un par de cervezas para darme el valor de llegar al grupo y escuchar una junta...
Neuróticos Anónimos salvó mi vida. Me mostró una nueva manera de vivir, me enseñó el camino y no solo eso, me acompañó a cada paso hacia la recuperación.
Yo sólo puedo plantearte mi experiencia en NA como yo la viví, pero cada quien vivirá un cambio, si es que así lo desean, hacia una nueva manera de vivir, una sin sufrimiento, una con una visión muy diferente del mundo que te rodea. Una en donde es maravilloso estar con vida y estar cerca de las personas que te quieren, sin lastimarlas, sin destrozar lo construido...
Si tienes problemas con tu manera de VIVIR, en Neuróticos Anónimos hay una SOLUCIÓN.
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